Si nombramos a Rolls Royce nos vienen a la mente coches de lujo extremo. Coches carísimos y exclusivos. Pero Rolls Royce no es sólamente eso. Su división de motores de aviación factura bastante más que su división de automóviles. Y los motores Rolls Royce de aviación son los que mejor reputación tienen, y con pocos competidores en el sector (General Electric y Pratt&Whitney son de hecho las únicas marcas que le plantan cara), desde que entró al mercado. Fue en el año 1953 cuando Rolls Royce decidió apostar por la aviación civil con su primer motor, el “Dart”, que fue la primera turbina de gas aceptada como tal para aviación civil. Variantes del Dart fueron montados en el DC-8 y en el Boeing 707, aviones que hicieron historia.
La noticia es que Rolls Royce sigue tan en forma como siempre, la pasada semana se desarrollaba el Salón Internacional de la Aeronáutica y el Espacio de Le Bourguet, en París, el más importante de todos los salones europeos. Allí se anunciaba que la compañía de origen inglés había firmado varios contratos por valor de 1.500 millones de euros, el mayor de ellos con la compañía Intrepid. Rolls venderá los nuevos Trent 700 para los Airbus A330 y proporcionará el programa completo ‘Total Care’, con un coste total de 1.200 millones de euros.
Pero el contrato más sonado se produjo hace tan sólo un par de días: Rolls Royce firmaba con Singapore Airlines otro contrato por valor de 800 millones de euros en los que montará los motores que irán en los futuros Airbus A350 XWB, la apuesta más arriesgada de Airbus para plantar cara al Boeing 787. Este contrato también irá acompañado del sistema ‘Total Care’ y Rolls realizará el mantenimiento de estas plantas motrices durante 12 años al menos.
Contribuyo con esto a que no sólamente veamos a Rolls Royce como una marca de lujo. También nos mueve por todo el mundo a bordo de los aviones que vuelan gracias a su ingeniería.