La M-30, una trampa mortal


No puedo hacer otra cosa que indignarme al leer esta noticia en la web de Autopista. La M-30 y su tortuosa obra ha producido 3 muertos en los primeros 8 meses del año, y lo más curioso, es que los accidentes han sido pocos para lo que podría haber sido, en parte gracias a la baja velocidad a la que nos obligan a circular por las obras.

Y es que las dichosas obras de la M-30 ya han estado en el punto de mira en otras ocasiones. Ocasiones en las que, rozando la legalidad, el Ayuntamiento (apoyado por la Comunidad de Madrid) ha conseguido salvarse de la quema. Porque los desgraciados usuarios que tenemos que padecerlas sabemos bien de lo que hablamos. Y me considero afortunado en el sentido de que yo la uso en momentos de poco tráfico. Pero recorriendo sus terribles cambios de rasante, curvas sin señalizar y pistas de tierra (porque hay zonas que ni siquiera está asfaltado, o está completamente cubierto de tierra), me echo a temblar sólo de pensar en en los miles de infelices que se ven horas atascados entre sus escasos carriles.

La gota que colma el vaso de mi paciencia y que se desborda en mi indignación son las cifras antes citadas: 3 muertos, 26 heridos graves, 498 heridos leves. Y todo esto en poco más de 1.000 accidentes. Verdaderamente estremecedor. Ya fue calificada por expertos europeos como la carretera en obras más peligrosa de toda Europa. Y si a esto le sumamos que es la carretera más concurrida de toda España, la combinación es explosiva. Millones de madrileños nos jugamos el pellejo, literalmente en estas obras, en parte debido a la mala señalización y al cambio de trazado día sí día no.

Y es que el resultado probablemente sea maravilloso -se llamará pomposamente “Calle 30″-, y se recupere el río Manzanares como tanto clamó Gallardón, pero… ¿a qué precio? Porque hemos hablado de los conductores que padecemos la megalomanía de nuestro alcalde, pero no me olvido tampoco de los vecinos. Esos que día y noche -recordemos que las obras no se paran ni de día ni de noche- oyen ruidos -insomnio-, tragan polvo y aguantan el panorama delante de sus casas. Y ya por no hablar de los negocios que a duras penas subsisten en lo que antes eran aceras o calles.

Un auténtico caos, y quiero pensar en que esto se está haciendo rápido para evitarnos el mal trago, no porque se acerquen las elecciones. Sirva esto como denuncia pública del sentir de -la mayoría de- los madrileños.

    

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